Parentalidad Positiva

Entenderemos por PARENTALIDAD POSITIVA el desempeño positivo del rol parental. Es un conjunto de conductas de los padres que procuran el bienestar de los hijos y su desarrollo integral, desde una perspectiva de cuidado, afecto, protección, enriquecimiento y seguridad personal. Estas conductas o acciones de los padres proporcionan a los niños reconocimiento, pautas educativas, además de límites o normas, con el fin de promover su desarrollo integral, el sentimiento de control de su propia vida y hacer que puedan obtener variados logros, en diversos ámbitos (familiar, académico, social, comunitario, etc.).

 

Algunos “tips” útiles que permiten el logro de lo anterior son:

  • Prestar completa atención al niño cuando nos quiere mostrar algo. Ello implica dejar de hacer lo que uno está haciendo y acercarse al niño, observarle con detención.

  • Destinar periódicamente tiempo para hacer cosas que ambos (padres e hijos) disfruten.

  • Demostrarles el afecto a través del contacto físico. Esto implica abrazarlos, besarlos, acariciarlos, tocarlos, tomarles la mano, darles un rico masaje, etc.

  • Hablar a diario con los niños acerca de los temas que les interesan y de sus actividades cotidianas, pero no sólo de las que realizan en el jardín o colegio.

  • Reconocer efusivamente los pequeños logros o conductas positivas de los niños. No dar por hecho que es deber de ellos hacer la tarea, sino expresar con claridad “estoy feliz de que seas responsable y cumplas con tus tareas”, por ejemplo.

  • Ayudar a los niños a no aburrirse. Es importante que se les facilite la realización de actividades variadas, tanto dentro de la casa como fuera de ella, por ejemplo pintar, tocar guitarra, jugar con cajas de cartón, jugar futbol, natación, etc.

  • Practicar con el ejemplo lo que queremos que los niños interioricen. Es importante realizar delante de los niños lo que queremos que aprendan, para que el aprendizaje se haga de manera efectiva. Los niños aprenden de sus modelos, no de los sermones que éstos les dan.

  • Establecer límites claros respecto del comportamiento que deben tener los niños. Es bueno que se les haga saber de forma anticipada cuáles son las consecuencias del incumplimiento de dichas normas. También es clave que ellos logren captar el “sentido” de la norma, es decir su utilidad, su razón de ser.

  • En caso que el niño tenga un mal comportamiento, los padres deben mantener la calma ante todo y entregar indicaciones claras y precisas para detener dichas conductas, en el momento mismo. Cuando el niño detiene la conducta inapropiada, es bueno hacérselo saber verbalmente. Si el niño persiste con su mal comportamiento hay que establecer una consecuencia apropiada (sanción o castigo). Es necesario decir que el castigo en ningún caso debe ser maltrato psicológico ni físico. Es recomendable que el niño sufra la pérdida de algún privilegio habitual, por algún plazo de tiempo no muy extenso.

  • Todos los niños se portan mal algunas veces y en ocasiones es inevitable que tengan problemas de disciplina. Muchas veces los adultos se frustran tratando de ser los “padres perfectos”. Se deben mantener expectativas realistas respecto del comportamiento de los niños y no sobre-exigirles tanto. Todos los niños corren, juegan, se caen y ensucian, desordenan, gritan y se ríen fuertemente.

  • Es de suma importancia que los padres puedan estar tranquilos y relajados, evitando la ansiedad o la depresión. Se recomienda que se den tiempo para realizar actividades que a ellos también les gusten. En esencial que entiendan que deben tener espacios como pareja, diferentes a los espacios de paternidad.

 

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